🚨 LA COMPLEJIDAD DEL BALANCE ENÉRGETICO

🚨 LA COMPLEJIDAD DEL BALANCE ENÉRGETICO

La obesidad es definida como un exceso de peso como consecuencia de una acumulación disfuncional de las reservas de energía en el tejido adiposo. Además, esta situación suele venir acompañada de una alteración del metabolismo de los hidratos de carbono, lípidos y proteínas que desencadenan en una inflamación de bajo grado y diferentes patológicas asociadas. En este sentido, nuevos campos como el de la nutrigenética, el de la microbiota o la cronobiología son de especial ínteres para comprender el balance energético.

 

El balance energético se ha establecido tradicionalmente como la mera diferencia entre la ingesta calórica consumida frente a la gastada. Y aunque en última instancia la primera ley de la termodinámica se cumple, hay tantas variables en juego que esta ecuación peca de ser demasiado reduccionista.


Un reciente estudio científico realizado por investigadores españoles muy relevantes en el campo de la nutrición y publicado en una revista de alto impacto como Nature, analiza todos los factores involucrados (nutrigenética, microbiota, cronobiología etc.) en el balance energético (1)


El ser humano de forma evolutiva ha desarrollado una compleja red de señales neuroendocrinas que permiten mantener en un principio una homeostasis energética, lo que se conoce como mecanismo de “set point”. Sin embargo, somos seres inmersos en un ambiente que condiciona estos precisos mecanismos de regulación.


El consumo de alimentos muy palatables parece provocar una desregulación de las señales de recompensa que se activan cuando ingerimos un alimento, con ello una ingesta fisiológicamente desproporcionada (hiperfagia) y en última instancia una alteración de la regulación homeostática del balance energético. 


No todos los macronutrientes contribuyen de igual forma en el control del peso, pero es que además no ingerimos macronutrientes de forma aislada, sino que consumimos un alimento con diferentes macro y micronutrientes que interacción entre sí. E incluso el gasto energético que supone procesar los diferentes macronutrientes no es el mismo, estimados en un 20-30%, 5-10% y 0-3% del aporte calórico de las proteínas, glúcidos y lípidos respectivamente.


CRONOBIOLOGÍA: Las alteraciones del sueño (disrupción de los ritmos circadianos) puede alterar el ritmo circadiano que sigue el sistema endocrino afectando así a las señales de hambre/saciedad.


Para seguir complicando la ecuación, nuestros genes interaccionan con el ambiente en el que nos encontramos y viceversa, dando lugar a la NUTRIGENÉTICA y NUTRIGENÓMICA. Por ejemplo, variantes (polimorfismos) de genes como LEP o FTO se asocian a una respuesta diferente saciedad cuando consumimos una misma comida. Otro ejemplo de nutrigenética es el número de copias del gen AMY1 (que codifica la amilasa salival) y la capacidad para tolerar los hidratos de carbono.


Otra de las variables que cada vez esta cogiendo más relevancia es la MICROBIOTA. Esa comunidad de microorganismos con los que convivimos son el reflejo de nuestro estilo de vida; sin embargo, si esos cambios son la causa o la consecuencia de la obesidad parece no estar tan claro. Además, algunos autores sugieren que las diferencias en el tipo de poblaciones que forman la microbiota entre individuos responden a variaciones genéticas mientras que la proporción de dichas poblaciones va a ser modulado por factores ambientales (como la dieta o el ejercicio físico).


Multitud de estudios han encontrado asociaciones entre grupos de microorganismos que conforman la microbiota y la presencia de obesidad. Probablemente una de las primeras vinculaciones microbiota-obesidad fue el aumento del ratio relación Firmicutes/Bacteroidetes en individuos obesos. Algunos investigadores han observado como los individuos con obesidad obtienen una mayor cantidad de energía de los alimentos y a su vez presentan una mayor cantidad de un genero de bacterias conocidas como Prevotella.


En contrapartida otros grupos de bacterias como Akkermansia muciniphila o diferentes Bifidobacteriumse asocian a efectos beneficiosos, entre otros factores por la producción de ácidos grasos de cadena corta (AGCC). Estos AGCC son capaces de regular la expresión de genes relacionados con la termogénesis (como UCP2 o PPARG) y con la oxidación de las grasas. E incluso estos ácidos grasos intervienen en la modulación del apetito y la ingesta de energía.


Todo esto no hace más que remarcar la complejidad del balance energético y la necesidad de realizar un análisis holístico de todos estos factores (nutrigenética, microbiota o cronobiología). Por eso no todas las dietas funcionan para todo el mundo y es necesario individualizar en cada caso, así como la necesidad de la figura del dietista-nutricionista.

Bibliografîa

San-Cristobal R, Navas-Carretero S, Martínez-González MÁ, Ordovas JM, Martínez JA. Contribution of macronutrients to obesity: implications for precision nutrition [published online ahead of print, 2020 Mar 31]. Nat Rev Endocrinol. 2020;10.1038/s41574-020-0346-8. 

 
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