¿NACEMOS EN CETOSIS?

¿NACEMOS EN CETOSIS?

El cerebro constituye una estructura realmente compleja con unos elevados requerimientos energéticos. El cerebro de los adultos constituye el 2% del peso corporal, sin embargo, es el responsable del 20% del consumo de oxígeno y de un 20-25% de la utilización de glucosa total (estudio). En neonatos con un desarrollo cerebral incesante, las demandas energéticas de este órgano pueden constituir hasta el 60% del metabolismo basal y representa el 13% del peso corporal (estudio).


En condiciones normales, la principal fuente de energía para el cerebro es la glucosa (estudio). Sin embargo, las necesidades tan elevadas durante el desarrollo cerebral hacen necesario utilizar otros sustratos energéticos como las cetonas y el lactato (estudio). Todo este entramado metabólico es esencial para permitir la constante y sostenida síntesis molecular de los componentes necesarios (proteínas, lípidos y ácidos nucleicos) para el desarrollo y maduración neuronal.


En el neonato la utilización de glucosa por el cerebro se incrementa de forma gradual durante los  primeros años de vida hasta los 3-5 años en los que el consumo de glucosa por el cerebro es el doble al de un adulto (estudio). A partir de entonces empieza a disminuir la demanda hasta  alcanzar los valores típicos en adultos. En las primeras etapas de la vida existe una preferencia a convertir la glucosa en lactato o utilizarla como fuente de carbono (para procesos de biosíntesis), en vez de destinar en mayor medida dicha glucosa a la fosforilación oxidativa. Esta vía metabólica se conoce como glucolisis aeróbica o efecto Warburg y en principio podría parecer ilógico ya que la eficiencia energética es mucho menor cuando la glucosa se destina a la síntesis de lactato en vez de pasar a la fosforilación cuando hay oxígeno presente.



Esta glucolisis aeróbica (también característica de tejido tumorales) permite generar sustratos vitales para el correcto crecimiento y maduración del cerebro como son el NADPH (generado en el ciclo de las pentosas fosfato) o el lactato. Se ha comprobado como el crecimiento de los axones, la formación de las redes sinápticas y la mielinización son dependientes de la glucolisis aeróbica (estudio). Así, estudios en neonatos pretérmino han observado un muy bajo consumo de oxígeno sugiriendo que hasta el 90% de la glucosa es destinada a la glucolisis aeróbica (estudio).


Durante el desarrollo y maduración cerebral, las demandas energéticas y la biosíntesis de macromoléculas exceden al aporte por parte de la glucosa plasmática disponible, además las reservas de glucosa en un neonato son muy limitadas. Esto supone que al nacer el neonato se encuentra en un estado permanente de cetosis leve (estudio) e incluso se observa una absorción cerebral de cuerpo cetónicos hasta 4-5 veces más rápida en infantes respecto a adultos. En la leche materna se encuentra una alta proporción de ácidos grasos de cadena media que facilitan la obtención de cuerpos cetónicos (estudio).



La leche materna se caracteriza por un elevado contenido de ácidos grasos de cadena corta (15-17%) que unido a la capacidad de almacenar grasa en el tejido subcutáneo facilitan el suministro de cuerpos cetónicos con una finalidad energética (estudio). Además, el colesterol de naturaleza lipídica tiene rol esencial en el proceso de mielinización de los axones (estudio).


Por tanto, ese estado de cetosis característico en estas primeras etapas de la vida aparece como un mecanismo evolutivo que permite el uso de la glucosa para el mantenimiento y desarrollo de la neuroplasticidad a través de compuestos intermediarios producidos en la glucolisis aeróbica. Todo esto muestra lo apasionante y complejo que es la fisiología humana y lo absurdo que resulta extrapolar situaciones fisiológicas de una etapa de la vida especifica.

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